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Educación

¿Por qué se producen los conflictos en el aula?

Equipo de Expertos en Educación

Los conflictos en el aula constituyen una de las principales preocupaciones del colectivo docente. La indisciplina escolar, los desencuentros, los actos de violencia entre compañeros y las situaciones de tensión entre alumnado y profesorado no remiten en los centros educativos, motivo por el cual urge impulsar decisiones y actuaciones eficaces.

La mayoría de los conflictos en el aula son provocados por indisciplina, falta de motivación, diferencias culturales o dificultades emocionales. Reconocer su existencia e identificar las causas es irrenunciable para abordarlos con efectividad y avanzar en la dirección correcta a fin de prevenirlos o desactivarlos.

Estas situaciones tienen un impacto negativo tanto en el ambiente escolar como en el rendimiento académico. En definitiva, resulta crucial comprender la raíz de estos desencuentros y hallar soluciones idóneas para promover un ambiente de aprendizaje positivo y seguro.

Para conseguirlo, la formación y la cualificación de los y las profesionales es determinante. A su vez, la actitud cumple un papel fundamental en la resolución de conflictos en el aula. Tanto los docentes como los estudiantes deben hacer valer un talante abierto, empático y positivo para afrontarlos con solvencia. Una actitud abierta, de naturaleza empática, favorece la escucha y la comprensión de diferentes perspectivas, lo que siempre facilita la resolución de conflictos en el aula.

Qué es el aula pacífica

Para que entiendas mejor el concepto de aula que reclama la resolución de conflictos, conviene que lo pongas en contraposición al concepto de «aula pacífica» propuesto por William J. Kreider.

En su texto La resolución creativa de conflictos, la describe con las siguientes cualidades:

  • Cooperación. En ella, los y las peques aprenden a observar cuidadosamente, a comunicarse con precisión y a escuchar de modo sensible.
  • Respeto a la diversidad. Las y los alumnos se acostumbran a respetar y apreciar las diferencias de las personas, así como a entender los prejuicios y su funcionamiento.
  • Expresión emocional positiva. Se enseña al alumnado a expresar sus sentimientos, sobre todo, el enojo y la frustración, al tiempo que aprenden a autocontrolarse.
  • Resolución de conflictos en el aula. Los y las peques interiorizan habilidades para reaccionar con creatividad ante los conflictos en el aula, dentro de una comunidad que brinda apoyo y afecto.

Definición de aula conflictiva

El concepto aula conflictiva se reconoce fácilmente por oposición al que acabamos de presentar: es la antítesis de la versión pacífica. En consecuencia, carece de sus cualidades, las cuales son reemplazadas por factores que acentúan las desavenencias.

En ellas, el alumnado está expuesto cada día a situaciones violentas. La tensión, latente, entorpece la actividad cotidiana. Los vínculos de cooperación están dañados, el respeto falla y las emociones sin gobierno tiranizan la convivencia.

La consecuencia es una predisposición hacia la conflictividad que se realimenta, porque los desencuentros no son tratados ni superados, y lógicamente se enquistan.

Tipos de conflictos en el aula

Los conflictos en el aula se dan entre estudiantes o entre el alumnado y el personal docente. Cuando las situaciones de violencia son reiteradas, procede hablar de acoso escolar o bullying, una situación indeseable por las gravísimas secuelas que causa a sus víctimas.

Los tipos de conflictos en el aula más comunes son:

  • Maltrato físico. Agredir, amenazar con armas, esconder y romper objetos, etc.
  • Maltrato verbal. Insultar, poner motes, hablar mal de alguien, difundir rumores falsos, amenazar, intimidar, etc.
  • Maltrato mixto. Aúna violencia física y verbal.
  • Acoso sexual.
  • Exclusión social. Hacer el vacío, no dejar participar en determinadas actividades.
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¿Por qué la resolución de conflictos en el aula es necesaria con tanta frecuencia?

Entre los factores que más alimentan la creciente necesidad de resolución de conflictos en el aula destacan tres categorías. Ahondamos en ellas ahora.

El modelo escolar vigente

Las personas especializadas en teoría de la educación la erigen como el principal detonante de los conflictos en el aula. Según aseguran, la organización escolar es demasiado rígida y está descontextualizada de la realidad socioeconómica actual.

Esta situación favorece el descontento entre los escolares, el aburrimiento y la desmotivación, lo que acaba traduciéndose en un rechazo a la realidad escolar y a sus normas.

En un mundo idílico, las escuelas deberían ser puntos de encuentro donde se acepta a los demás tal y como son, asumiendo de forma natural las diferencias culturales, de origen, raza, inclinación sexual, etc. Por desgracia, la realidad es bien distinta: asistimos a un contexto de deterioro de la convivencia escolar en muchos centros de todos los países del mundo.

Incapacidad de los padres

Otro desencadenante que complica la resolución de conflictos en el aula es la falta de capacidad, motivación o disposición de los padres y madres hacia sus responsabilidades en la educación filial. Muchos de los conflictos en el aula y de las situaciones de violencia y acoso escolar derivan de la dejadez de ciertos progenitores y progenitoras.

Con excesiva frecuencia, delegan en la escuela un papel que les corresponde, pero que no pueden o no saben ejercer correctamente por diversos motivos. Entre ellos:

  • Obligaciones laborales.
  • Problemas económicos.
  • Entorno social y familiar poco favorecedor.
  • Desconocimiento, incultura o inadaptación.

Otras causas

Un clima excesivamente competitivo, actitudes egoístas, falta de habilidades para trabajar en equipo, déficit de autoestima en los alumnos y escasa confianza en el profesorado y en la dirección del centro propician estas situaciones de conflictos en el aula.

Igualmente, la ausencia de habilidades para dar solución a las frustraciones y las fallas de comunicación entre el alumnado, o con sus profes, agravan estas dinámicas.

La carencia de habilidades en la infancia y la adolescencia para gestionar problemas se debe a muchos factores, desde problemas de madurez a un desarrollo inadecuado de la inteligencia emocional. ¿No crees que debería ser incorporada esta tarea a la formación infantil y juvenil? Si decides cursar nuestro Máster en Mediación Escolar, tendrás aún más claro que se trata de una cuestión inaplazable.

Por desgracia, la conflictividad y las situaciones de indisciplina y violencia escolar se manifiestan cada vez más en los centros escolares españoles y del mundo. La etapa de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) es la más conflictiva, lo cual influye negativamente en el ánimo del alumnado y en los procesos de enseñanza-aprendizaje.

Los estudios de conflictos en el aula concluyen que las conductas violentas menos graves, como la agresión verbal, se dan con más frecuencia. Además, reflejan que las y los agresores no llegan a ser conscientes de lo pernicioso y violento de sus actitudes.

En otras palabras, queda mucho trabajo por hacer en la formación pedagógica de los alumnos en competencias como el autocontrol o la empatía. Asimismo, aprender a evitar que los conflictos en el aula acaben en bullying y mitigar los efectos de la violencia en las clases han de ser prioridades en la cualificación docente.

Principales dinámicas de resolución de conflictos en el aula

Los conflictos en el aula —en forma de disputas, peleas, discusiones, mal ambiente, amenazas, etc.— son propios del ser humano y, por ello, inherentes a los centros de formación. El principal inconveniente es que en la niñez y la adolescencia las personas no suelen tener la madurez psicológica ni la personalidad requeridas para gestionar estas situaciones con serenidad y objetividad.

En verdad, cuando se aplica con éxito la resolución de conflictos en el aula, estas realidades no tienen por qué ser negativas. De hecho, cuando los conflictos en el aula se encauzan bien, suelen convertirse en experiencias productivas. Es una vivencia formativa porque, no lo olvides, durante nuestras vidas todos hemos de encarar problemas y desencuentros en todos los ámbitos: sociales, de pareja y laborales.

Para no tener que recurrir a la resolución de conflictos en el aula, existen diversas dinámicas y actividades que coadyuvan a neutralizar y a revertir conflictos educativos en todas las edades.

Escucha reflectiva

Consiste en parafrasear y repetir a quien nos habla lo que ha dicho, para que tome conciencia de su percepción y de nuestra posición y actitud. Más que una técnica de resolución de conflictos en el aula en sí es un mecanismo para clarificar la percepción.

Cuando se escucha con los oídos, los ojos y el corazón, el personal docente identifica con mayor claridad lo que piensa y siente su alumnado sobre una situación conflictiva, lo cual suele facilitar su remisión.

Por otra parte, su práctica ayuda a desacelerar las interacciones. Es positivo, porque alivia la tensión del momento y posibilita, con las cosas más calmadas, aclarar lo ocurrido y llegar a un entendimiento.

Juego de roles

Mediante estas actividades se dramatizan las causas y la resolución de conflictos en el aula ya acontecidos. Despliegas una mayor efectividad, porque tus estudiantes ven las cosas desde distintas perspectivas y, al ponerse en el lugar de los demás, desarrollan una actitud empática.

Una estrategia práctica de estas dinámicas de rol incluiría:

  1. Describir el evento conflictivo, especificando el momento, el lugar y los antecedentes.
  2. Definir los roles que se van adoptar y pedir a los participantes que los interpreten, ya sea de manera voluntaria o por designación docente.
  3. Solicitar al alumnado que representen el conflicto, ayudándoles con preguntas clave en caso de ser pertinente.
  4. Detener la actuación en el punto del conflicto y pedir opiniones al auditorio —compuesto también por alumnos y alumnas— para incorporarlas al desarrollo del juego.
  5. Analizar lo ocurrido y tratar de extraer lecciones para la vida real, respondiendo a preguntas orientadas: ¿Cómo podría haberse prevenido el conflicto?, ¿cómo se sentían los personajes en la situación?, ¿fue una solución satisfactoria?, ¿qué otras soluciones podrían haber funcionado?, etc.

También puedes practicar primero con el grupo en situaciones inventadas o hipotéticas, como un entrenamiento previo a dramatizar situaciones reales.

Arbitraje y mediación

Consiste en ayudar a las personas a manejar sus diferencias en presencia de un observador imparcial, calmado y que mantiene la justicia. De este modo, el o la docente se convierte en un pacificador.

Por lo general, se permite narrar a los y las protagonistas sus versiones de lo sucedido. La persona docente ayuda a generar soluciones y a elegir una para ponerla en práctica. Si hay acuerdo entre las partes y se resuelve el problema, se pregunta cómo se ha logrado.

Implementar un sistema de mediación en los centros educativos para la resolución de conflictos en el aula, oficial y estandarizado para todos, es otro buen recurso. Un órgano mediador propio, constituido exclusivamente por el alumnado o por un grupo mixto de trabajo, asume esta labor.

Capacítate para la resolución de conflictos en el aula

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Equipo de Expertos en Educación de la Universidad Internacional de Valencia.

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